UN VOLUNTARIO EN REY PELAYO

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José Manuel M.B., voluntario en nuestra asociación desde principios de este año, nos cuenta su experiencia en el texto que sigue:

La Pedagogía es la ciencia de la educación para todas las personas a todos los niveles.

En el caso concreto de la Asociación para personas con discapacidad intelectual Rey Pelayo en Avilés, el trabajo y el estudio que realizan propicia una esmerada educación de las personas con discapacidad intelectual que, en demasiados casos, son marginadas social y educacionalmente, y apartadas del mundo “normal” dominante y nada respetuoso.

He podido comprobar que la educación del chico con discapacidad intelectual es ardua y muy difícil. Aún siendo educados correctamente en la vida escolar, su adaptación a la educación del centro presenta importantes dificultades.

En esta Asociación se estudia y valora meticulosamente a cada persona, y se controla su evolución diaria paso a paso en todos los aspectos educativos y sociales.

El alto nivel pedagógico que poseen y desarrollan sus educadores y personal directivo,
aportan un profundo respeto hacia el ser humano en su integridad fisica y mental.
Los educadores del centro han experimentado que mediante correctos métodos educativos, y su aplicación correspondiente, en no muy largos periodos de tiempo, logran transformar o mejorar de manera notoria y palpable el cuadro general que presentaban estas personas cuando llegaron al centro.

Los educadores responsables de estas personas saben dar respuestas adecuadas y rápidas a situaciones imprevistas, y muy complejas en algunos casos. Su trabajo creativo aporta la acertada respuesta a estas situaciones a través de una correcta y esmerada labor educativa, haciendo de su labor diaria, un arte creativo. A través de su experiencia pedagógica transmiten la adecuada educación a los chicos y chicas según la capacidad y necesidad personal de cada uno de ellos.

Las personas que acuden a esta Asociación, son parte de los futuros ciudadanos con pleno derecho tanto en España como en el mundo. Ellos forman parte de la historia diaria de nuestra ciudad y país. Uno de los empeños de sus educadores es lograr que la mayor cantidad posible de ellos lleguen a ser unos ciudadanos excelentes, y perfectamente integrados en la sociedad que con demasiada frecuencia los margina y rechaza como si fuesen una “carga” social de la que no pueden desprenderse. Todavía hoy los estigmas antiguos lastran su plena integración; no son “idiotas”, ni “enfermos mentales”, ni tampoco están “locos”. Son personas, y como tales, con plenos derechos y responsabilidades.

A veces, los educadores se encuentran con chicos a los cuales el procedimiento de educación en la sociedad y en la escuela no ha sido el más correcto o adecuado a cada persona; es por lo que han de ser educados nuevamente o reeducados, siendo esta una labor realmente difícil que exige grandes esfuerzos, amplios conocimientos y mayor paciencia. Las adecuadas y permanentes orientaciones de cada educador en el tiempo, hacen posible que los objetivos para cada persona logren cambiar o mejorar de manera ostensible los estímulos y limitaciones fisicas y mentales que portan los chicos de origen. Los acertados métodos que se emplean y la contrastada y consumada valía profesional de los educadores hacen que su trabajo se vea reflejado en los chicos como logros casi increíbles. Tienen meridianamente claro que la perseverancia, paciencia y entrega en su inestimable labor a la hora de impartir educación, en todas las acepciones de la palabra, es la clave de sus exitosos logros educacionales tanto a nivel personal como colectivo.

La Asociación no se conforma simplemente con reorientar a los chicos de manera positiva, sino también de la situación interior de los mismos para tratar de obtener en ellos un desarrollo lo más completo posible para que sean portadores y disfruten de una vida decente y ordenada.

Al no ser haberles dado tanto el sistema educativa como el entorno social los apoyos adecuados, desde su niñez hasta el ingreso en la Asociación Rey Pelayo, se han desaprovechado experiencias que hubiesen hecho al individuo más preparado, feliz y provechoso socialmente. En estos casos no se puede evaluar el costo personal, social y económico que, sin lugar a dudas, es muy elevado y nefasto.

En la Asociación Rey Pelayo tiene bien claro que la educación racional y personal de cada chico y chica es un trabajo de todos los educadores, de una manera perfectamente regulada y organizada. En su tarea educativa diaria no existen detalles menores, todos son importantes en gran manera.

Organizar y cuidar a más de setenta de estas personas en el centro es una responsabilidad compartida por todos y cada uno de los educadores. El ejemplo personal de cada educador es observado y valorado hasta el último detalle, tanto por los chicos como por sus padres, por ello, se plantean en cada momento las más severas exigencias a su propia conducta. Todos los detalles, gestos, palabras, vestidos,
convivencia y comportamiento en general de los chicos, son valorados entre los educadores como muy importantes, y encaminados a obtener la educación correcta para cada persona según sus circunstancias individuales.

A cada persona se le enseña que toda actividad que desarrolle en el centro Rey Pelayo le va a exigir que se esfuerce dentro de sus posibilidades. Los educadores basan su autoridad en hacer cumplir lo más adecuada y correctamente posible a cada persona las tareas se le encomiendan en cada momento, de acuerdo a sus capacidades personales.
Conocen la vida anterior a su entrada en el centro, las cosas que le agradan o desagradan, sus intereses e inquietudes personales. También valoran su comportamiento particular y general, su actitud hacia los educadores, compañeros, y en la propia sociedad. Los resultados de estos comportamientos y actitudes son transmitidos por los educadores a los padres con mucho tacto y tino, tratando de preveer, prevenir, disminuir y evitar problemas o conflictos en cualquiera de los ámbitos donde desarrolle su actividad diaria.

La confianza que los chicos tienen con sus educadores hace posible que compartan con ellos, de manera espontánea, sus problemas, deseos, aspiraciones, inquietudes, relaciones con sus compañeros, actividades en la sociedad, etc.

Existe en el centro una preocupación real por la vida de cada uno de los chicos y chicas que componen la Asociación. Se ha de destacar también la colaboración de la mayoría de los chicos, su atención y respeto a la autoridad de sus educadores. Los chicos notan y sienten la razonable preocupación, responsabilidad y dedicación que les brindan, y son conscientes de que lo que se les aporta y exige es para su propio crecimiento personal.

Los educadores ponen sumo empeño en que los chicos comprendan qué y para qué han de obedecer lo que se les demanda para que se sientan con ganas de desarrollar lo mejor posible, con iniciativa propia y voluntad creativa, las actividades que les son encomendadas.
También se enseña y educa de modo y manera que sus actos y/o actitudes no han de ocasionar molestias, y menos aún daños, a sus educadores, compañeros, en su casa y en la sociedad en general, y sepan apreciar las necesidades de quien los rodean, y acudan en su apoyo avisando a los educadores en caso de necesidad.

La correcta disciplina que se observa en los chicos es el resultado de todo el trabajo de su sistema educativo integral, a través de todos los medios que tiene a su alcance, enfocándolos en obtener unas personas con mejor calidad de vida, y más aptas y útiles para la sociedad durante el resto de sus vidas.

Sus métodos educativos tienen características propias, dirigidas a cada chico en particular y a todos en general. Cada método educativo aplicado posee sus objetivos concretos y son diariamente sometidos a procesos de cambio, avances o retrocesos, que se produzcan en cada chico. Este es un proceso complejo y variable en el tiempo y en cada persona. Una de sus metas es que cada chico alcance el más alto y mejor nivel posible de conocimientos y aptitudes, mantenerlos en ese nivel el mayor tiempo posible, y en caso de estancamiento o retroceso atenuar, mitigar, reducir al máximo y alargar en el tiempo esa pérdida con todos sus conocimientos, esfuerzos y medios a su alcance.
En algunos casos, los métodos educativos se han de modificar o cambiar de manera gradual por otros, teniendo como objetivo que esos métodos no queden fijados como una costumbre asentada en la monotonía y en la falta de alicientes.

Trabajando con muchos chicos y chicas de muy diferentes capacidades, no se establece ni recomienda el mismo método para todas las personas, sino que se estudia, valora y escoge el más correcto para cada chico. Cada método personalizado se hace concordar con el objetivo final propuesto para cada chico: que lo comprenda de manera razonada, y participe con ideas, sugerencias y sentimientos.

En la Asociación Rey Pelayo se da gran importancia a la constancia en la aplicación de sus métodos personalizados dentro de una variada posibilidad de talleres. Se entiende y practica el hecho significativo y evidente de que en la educación personalizada no hay detalles de menor valor. Cada persona es muy importante, y su correcta educación no lo es menos. Se estimula a los chicos a aceptar los trabajos de cada taller como un preciado regalo que han de asumir con agrado por su bien personal que los ayuda a elevar su creatividad, firmeza y seguridad personal. Cuando los resultados positivos afloran en los chicos, se les reconoce, anima y exhorta a seguir mejorando mediante la satisfacción que produce el trabajo bien hecho, se los hace ver que son útiles y capaces de llevar a buen término esfuerzos aún mayores en actividades mas complicadas; lo cual los lleva a vincularse más y mejor en su propia educación.

A pesar de motivar, estimular y educar a los chicos a comportamientos adecuados, y a actuar de forma y manera sensata y razonable, durante el desarrollo del trabajo diario se produce alguna situación educativa difícil a la que hay que poner remedio inmediato y efectivo a través de medios educativos correctores; buscando sin descanso las causas de los comportamientos indeseados o inadecuados. Algunas de estas medidas pueden hacer que la relación educador-educado se vea afectada momentáneamente. Es posible que la aplicación de las medidas correctoras pueda afectar al resto de los chicos. Se procura que estas medidas no afecten negativamente a la persona corregida, de manera que reaccione acostumbrándose a la corrección, y se aplican cuando son agotadas todas las posibilidades de influencia positiva en el chico. Cuando la corrección más oportuna sea establecer un determinado límite, reforzar posturas inmaduras o señalar un desagrado manifiesto del educador ante el comportamiento inadecuado o incorrecto de un chico, se tiene siempre en cuenta su estado fisico, mental y emocional, procurando no disminuir la confianza en la relación entre el educador y el chico.

No se emplean como corrección los gritos, la burla, el aislamiento en un lugar alejado, y nunca se deja al chico humillado. La educación correctiva nunca llegará a causar trastornos en la persona, y se rechaza de manera total y absoluta el castigo corporal. Estas operaciones netamente correctoras e integradoras van encaminadas a que la persona madure, sea responsable, gane confianza en sí mismo, en el educador y en el propio sistema educativo, notando y aceptando su dependencia y asentimiento consciente de la normativa del centro.

El cumplimiento de las normas establecidas por la Asociación es un hecho importante, y se exige su cumplimiento de forma y manera decente y ordenada. Los propios educadores son el vivo ejemplo de responsabilidad, constancia, exactitud y vida honrosa, tanto en el desarrollo de sus tareas educacionales diarias en el centro, como en su vida social. Hasta el más ínfimo de los detalles tiene para los educadores gran importancia y valor educativo.
Algunas de las normas van encaminadas a enseñar a los chicos a que sean puntuales en su entrada al centro, en el tiempo de descanso y en la hora de salida. A que tenga importancia su aseo personal, cuidar de sus pertenencias, utilizar de manera correcta los talleres, equipamiento, baño y aseo, tener un comportamiento adecuado en el comedor, respeto a sus educadores y compañeros, etc.

Otra de las facetas en la educación personalizada es otorgar al deporte y el juego una gran importancia para aplicar a cada chico la adecuada actividad que le lleve a una mejor movilidad, equilibrio, estabilidad fisica y emocional dentro y fuera del centro.
Los juegos están llenos de actividad creativa de los monitores que en cada momento controlan el esfuerzo de los chicos. Otro tipo de actividades motoras proporciona a los chicos movilidad y alegría al ser ejercicios y movimientos adaptados adecuadamente a ellos. El juego es en sí mismo es una forma de trabajo activo y participativo. Se les proporciona, de forma directa o indirecta, habituarse a los esfuerzos fisicos y psíquicos necesarios para su desarrollo personal y social, dentro y fuera del centro. Todos los ejercicios están encaminados a desarrollar energía y confianza en sus propias posibilidades logrando así el encuadramiento positivo de su vida, e inspirándolos esperanza en mejorar de forma palpable su condición fisica y mental.